diumenge, 25 d’octubre de 2015

Cristina Fernández Cubas (1995), El Columpio. Barcelona: Tusquets (Andanzas)

Leer relatos de Cristina Fernández Cubas es como comer una caja de bombones exquisitos.

El Columpio es un cuento largo que en algún momento pensé que podría haberse titulado de "Juegos del valle" porque en un paradisíaco rincón del Pirineo los tíos de la protagonista  –la querida niña– se han montado un escenario donde juegan a ser chiquillos inquietantes en un mundo en el que se ha detenido el tiempo.

Salvador Dalí

Pero, estaba equivocada. El único título posible es El Columpio, porque esta es la imagen eje del relato que condiciona incluso la estructura con su vaivén entre presente y pasado, vigilia y sueño, cordura y locura, vida y muerte.

Winslow Homer

La querida niña ha sentido como propia la añoranza de su madre fallecida recientemente y se arriesga a conocer este mundo suspendido en un vacío oscilante. Sólo cuando rompa en pedazos el cheque de sus tíos, acabará con la posibilidad de que ella continúe este juego sustentado por unas imaginaciones enfermizas y por el dios menor del dinero.
Este relato es como un bombón de licor de oporto, si es que existen.


dimarts, 13 d’octubre de 2015

Melanie G. Mazzucco (2010), Ella, tan amada. Barcelona: Anagrama



El mito de Orfeo actúa de fértil sustrato en muchas obras artísticas porque en él se plasman grandes temas: el amor y la muerte, el poder del canto y del silencio, el arte y la naturaleza, la pervivencia y el viaje, los límites de la locura y las borrosas fronteras de los sexos.  

Todos ellos están hábilmente conjugados por Mazucco a partir de la poesía de Rilke que da nombre a la novela 
Ella, tan amada.

George Frederic Watts. Orfeo y Eurídice, 1875 


Eurídice será la vital y apática protagonista Anne Marie Schewarzenbach que se nos presenta montando en bicicleta por un paisaje idílico que la lleva a la muerte:

"su sombra oscura se desliza sobre la superficie del lago –leve, silenciosa, inaprensible." P. 10

La rica adjetivación se repetirá en la prosa exuberante de Melania G. Mazzucco que, como un nuevo Orfeo, pretende salvar del olvido-infierno a la protagonista.

"Esa sombra alargada, inconsistente, tiene algo de espectral." P. 15.
"... inalcanzable, misteriosa, como un ángel sin sexo seria y terrible." P. 41.
"andrógina, exigente, severa." P. 40.

Como el "vano fantasma de niebla y luz" la intangible amada de la rima XI de Gustavo Adolfo Bécquer.

Pero antes de morir, Anne Marie estará en todas las tormentas del siglo XX y en casi todos los escenarios posibles. Será como un efebo de Skopas, un ángel de Boticelli o una aguerrida Juana de Arco. Tendrá grandes amistades, además de la intimidad con la morfina y, al fin, encontrará la salud moral en la soledad de un viaje al corazón de las tinieblas en donde la escritura será su droga.

Skopas, Pothos. Copia romana

Será arqueóloga y se dejará subyugar por los decadentes paisajes orientales a la luz del atardecer:

"Un mismo color teñía las calles, los campos, los muros y las casas de Persia: era el color del polvo, de la arcilla cruda y del color de los camellos. Ella lo definía como el color lepra. En la hora muerta, todo se volví opaco, el mundo parecía petrificarse. " P. 192.

 Pero ella no se  petrifica, sino que ávidamente continúa capturando imágenes "como fotografías desparramadas en un cajón." P. 173. Y las enumeraciones caóticas dan fe de ello:

"... aduanas, alfombras, angustia, bazar, castillos, chacales, cuarentena, curas, ébano, fiebre, joyas, harén... " P. 174.

Edvard Munch, El beso de la muerte (litografía, 1899)

Pero la muerte la espera como una amiga en su paraíso de Engadina para que dance con ella, con la música de la canción de Schubert, "La muerte y la doncella".

Del mismo modo que Charlotte de David Foenkinos que, como veremos próximamente, también se nutre del mito de Orfeo.



Los libros se enredan como cerezas en un cesto de mimbre.





dimecres, 30 de setembre de 2015

Salvador Oliva (2015), La rehumanización del arte. Salamanca: Zarcillo



Los libros siempre han sido mi mejor juguete y con esta colección de artículos de ética y estética he jugado a regresar a la Facultad de Filología de la UAB de la década de los 70.

Han vuelto a mi memoria las clases de Sergi Beser, Jordi Castellanos, Joaquim Moles, Arnau Puig, Juan Manuel y Alberto Blecua, Francisco Rico, Carme Riera, José Carlos Mainer, Joan Albert Argente, Aurora Egido, Enric Sullà y Antoni Marí.

Allí se despertó mi interés por los aspectos teóricos de los libros que devoraba. Allí el manual de teoría literaria de Wellek y Warren convivía con Dinámica de la poesía de J. Ferrater, Jackobson y los formalistas rusos se alternaban con  Ortega y Gasset. Allí leí  La deshumanización del arte con sus metáforas: vigorosas, lúcidas y, si te descuidas, tramposas, porque "las imágenes nunca son neutras".

De acuerdo con el maestro Salvador Oliva, distanciarse de la obra de arte no significa deshumanizar y es un placer "revolcarse" en la realidad y, a la vez, gozar de la forma cómo se plasma la ficción. La forma y el fondo se funden en la obra de arte.

En aquellas aulas, pasillos y bares, aprendí a romper dicotomías, a ser sensible a la belleza estética y a gozar del placer del conocimiento.

Para terminar, una muestra de cómo esta lectura ha despertado mis recuerdos.

Leo:

"...los únicos que pueden creer que la finalidad de la literatura es la de comunicar ideas son aquellos que, como decía Galileo, "non hanno mai saputo eramente come è fatto el sapere" es decir: los que nunca han tenido ideas, los tartamudos intelectuales." P. 32.

Revivo la siguiente situación:

Un grupo de estudiantes estamos frente al Monasterio de Sant Cugat. Nos pasamos esta imagen de una escultura de Brancusi en el libro de Gillo Dorfles: Últimas tendencias del arte de hoy, recomendado Arnau Puig.



En el pie de la foto el autor sentencia: No significa nada pero comunica mucho.

Las risas se oyen en toda la plaza Octavia y, desde entonces, esta frase queda como una muletilla para burlarse de las "tartamudeces intelectuales".



divendres, 25 de setembre de 2015

Patrick Modiano (2007), Dans le café de la jeunesse perdue. Paris: Gallimard



Louki toujours entrait par la porte plus étroite du café Conde, "celle qu'on appelait la porte de l'ombre". P. 11.

Toute la narration est imprégnée de cette ombre. Le roman est comme une photographie en blanc et noir qui va a la recherche du temps perdu, au mieux, a la recherche de "l'esprit des lieux". P. 40.

Le café Condé c'est un de ces lieux qui: "sont des aimants ". Là, vers 1968,  une certaine jeunesse bohême se rencontrait et, parmi ces gens, apparait Louki, alias Jacqueline Choreau, née Delanque. Elle est comme l'ombre qui séduit,  c'est l'inquiétant personnage qui a le désir de flâner par les zones neutres, qui ne veut pas, s'engager en rien, qui veut être libre et, a la fin, fuir de tout.

Elle cherche a recommencer sa vie plusieurs fois en changeant de nom:

"Un jour de cafard, sur la couverture du libre que Guy de Vere m'avait prêté: Louise du Néant, j'ai remplacé au stylo bille le prénom par le mien. Jacqueline du Neant." P. 96.

Mysticisme et existentialisme a la fois. Et un peu de romanticisme et decadentisme, Le nom de Guy de Vere est emprunté du poeme Leonore d'Edgar Allan Poe, un poeme bien gòtique sur une jeune fille morte.



Wretches! ye loved her for her wealth and hated her for her pride,
And when she fell in feeble health, ye blessed her -that she died!
How shall the ritual, then, be read? -the requiem how be sung
By you -by yours, the evil eye, -by yours, the slanderous tongue
That did to death the innocence that died, and died so young?

L'évocation de ces gens, de ces lieux, de ces lectures ont le pouvoir que tout puisse recommencer, pour ça, a la fin:

"J'ai eu un moment l'illusion qu'au delà du cimentière je te retrouverais là bas, ce serait l'Éternel Retour." P. 138.