dijous, 9 de gener de 2014

Petros Márkaris (2013), Pan, educación, libertad. Barcelona: Tusquets


Grecia, Italia y España dejan el Euro el 1 de Enero de 2014 y el comisario Jaritos se encuentra, como todos los funcionarios, con el sueldo en suspenso y con tres peculiares asesinatos por resolver.

Se trata de tres representantes de la izquierda que se rebeló contra la dictadura militar y que impulsó la entrada de Grecia en Europa, ahora situados estratégicamente y con poder en el mundo de los negocios de la construcción, la universidad y los sindicatos. Para ellos " su viejo activismo político era una esponja que limpiaba todo lo demás." P. 91.

Buena parte de aquella generación se convirtió en secta y sucumbió a los halagos del poder:

"Poco a poco empieza a forjarme una idea de la evolución de la generación de la Politécnica, que se parece mucho a la de la Iglesia. Igual que la jerarquía eclesiástica, que se empieza siendo diácono para ascender a obispo, en la generación de la Politécnica se empezaba siendo un simple luchador antifascista para llegar a ser empresario, profesor universitario o alto cargo sindical." P. 199.

Márkaris nos explica un proceso que conocemos bien. La fiebre de la construcción se apoderó del país y muchos de los edificios que, cosa típica en Grecia, ya preparados para edificar una nueva planta, se completaron:

"En los últimos años, todo el dinero que hemos recibido, las ayudas, los fondos europeos de cohesión social, los programas marco para la investigación y el desarrollo, ha servido sólo para añadir una planta más a las casas.. Ni nuevas infraestructuras, ni inversiones, ni desarrollo. (...)
Nuestros abuelos y nuestros padres, sin embargo, sabían muy bien que los cimientos sólo aguantaban una planta adicional aclaro yo. Nosotros los cargamos con tres coches por familia, segunda residencia, piscina y lancha fueraborda. La estructura no aguantó y la casa se vino abajo, piso añadido incluido. No hemos vivido unos años de bienestar,  hija, sólo hemos levantado paredes." P. 75.

Ahora el pueblo aguanta gracias a la solidaridad, al ingenio de economías de supervivencia y a una alianza con los jóvenes que no pierden la esperanza, aunque algunos decidan tomarse la justicia por su mano.




No me parece un aspecto marginal, la dedicatoria al cineasta Theódoros Anguelópoulos, recientemente fallecido, con el que colaboró con el guión de La mirada de Ulises. En esta novela con la que Márkaris cierra su Trilogía de la crisis  tras la ácida crítica encontramos los valores que pueden vertebrar nuestra dividida Europa y que tienen nombre griego: Ethos, logos, phatos, paideia, areté y metis, es decir y aunque sean términos difíciles de traducir: actitud humana coherente, razonamiento, emoción compartida, educación humanística, virtud  e inteligencia astuta.