dilluns, 9 de febrer de 2015

Javier Cercas, El impostor. Barcelona: Literatura Random House. 2014


Cercas, brillante encantador, gran liante y magnífico escritor va arrancando una a una las capas a la cebolla de la vida de Enric Marco. Quiere comprender la conducta de quien es capaz de hacerse pasar por víctima de los campos de concentración nazis y, al verse acosado, suplica: "Déjame algo."



El escritor se identifica y se indigna con su personaje y con el personaje de Javier Cercas. Me contagia la indignación cuando despotrica contra la "llamada memoria histórica", cuando afirma que todos somos Marco y cuando parece seguir el camino narrativo de Truman Capote y de Emmanuel Carrère.



El brillante encantador, gran liante y magnífico escritor usa múltiples analogías que nos ayudan a investigar no solo la impostura de Marco, sino LA IMPOSTURA. La analogía y su hija la metáfora son magníficas herramientas, como decía Ortega, cañas de pescar. Pero con ellas podemos atrapar tanto una magnífica lubina como un zapato podrido.

Cercas, entre otras, formula la siguiente regla de tres: así como el arte kitsch o cursi es la banalización y el falseamiento del arte verdadero, existe un kitsch histórico de izquierdas que proporciona la vana ilusión de conocer la realidad. Me parece adecuado tratar a Marco como un gran cursi que aparenta melodramáticamente lo que no es, pero que la recuperación de la memoria histórica sea contemplada como "la nueva industria de la memoria (que) necesita alimentarse del kitsch histórico, que regala a quien lo consume la ilusión de conocer la historia real ahorrándole esfuerzos" (P. 188) es falaz. Las fronteras entre arte o historia verdadera y kitsch o divulgación histórica son más borrosas y complejas.

Hacia la mitad de la novela el tono provocativo se calma y  Cercas matiza algunas de sus afirmaciones, a la vez, que apunta un aire cervantino y otra analogía se expande: Enric Marco es a don Quijote como Cercas es a Cervantes e, incluso más, Marco usa a Cercas como don Quijote a Cervantes.

Bienvenida sea la clara línea cervantina.
Bienvenida la afirmación de literatura impura:
"... si la literatura sirve para salvar a un hombre, honor a la literatura; si la literatura sólo sirve de adorno, a la mierda la literatura."(P. 401)
Bienvenida la ficción total del diálogo unamuniano entre Marco y Cercas.

De todas formas, esta analogía es la última impostura del brillante encantador, gran liante y magnífico escritor a quien no se le muere el personaje, a pesar de que en algún momento, parece que intente acabar con él. 

El nonagenario Enric Marco es un superviviente que esconde su enigma como un jugador tramposo su as en la manga.

Ya decía Unamuno, otro que tal,  que hay que distinguir entre lo que creemos que somos, lo que los otros creen que somos y lo que somos realmente. Si esta nebulosa final puede ser descifada, digo yo.