dijous, 3 de març de 2016

Paula Hawkins (2015), La chica del tren. Traducción de Aleix Montoto. Barcelona: Planeta

Walter Davazo, Estación de tren

Novela escrita a modo de dietario siguiendo a los tres personajes femeninos más importantes: Rachel, Megan y Anna. El objetivo de Rachel, la chica del tren, es llenar el vacío de su amnesia parcial de bebedora o como ella dice "llenar el agujero de mi interior. Este afán se utiliza como un leitmotiv demasiado presente.

Las metáforas que aparecen son manidas como: el terremoto del tren, el puñal de los celos clavado en el corazón, los secretos que se revelan como quien confiesa una culpa y que son igual que el veneno, la sensación de ser un títere en manos del destino. Pero lo más repetida es el simbolismo del tren:

"Las vías al final del jardín son sus trenes, siempre llevando a otras personas a otros lugares, recordándome una y otra vez, una docena de veces que yo permanezco inmóvil. P. 255.

La vista corre como un tren de alta velocidad página tras página porque la chica del tren recobrará la memoria y entonces sabremos quién ha matado a Megan.

Este libro engancha, pero quedarse enganchada no es suficiente, espero de las lecturas algo más que tópicos y una trama llena de anticipaciones. Prefiero los textos que incitan a detener la lectura, a releer y a pensar. Aquellos libros que quisiera que no tuvieran fin, para poder vivir más tiempo en su casa de palabras.



De acuerdo, se trata de un libro que se lanzó en la campaña del verano pasado, que ha logrado el objetivo que buscaban los editores y ha sabido encontrar a sus lectores, por lo tanto, merece un respeto.


Un célebre escritor y filósofo llamaba a las novelas entretenidas: "libros de pan con chocolate". Sin embargo el pan y el chocolate, si son auténticos, son una delicia para todos los paladares. El entretenimiento y la diversión no deberían estar reñidos con la cualidad.