dimarts, 3 de setembre de 2019

Theodor Kallifatides (2019) Otra vida por vivir. Barcelona: Galaxia Gutemberg. Traducción del griego moderno de Salma Ancira



Me apasiona la riqueza temática de esta obra: la función de la escritura y la relación con una sociedad en crisis, las relaciones entre literatura y cine, el sentido de pertenecer a un lugar, las migraciones y la hospitalidad.
Y me gusta especialmente como relaciona las anécdotas para llevarlas a categoría de símbolo. Así el suicidio del amigo y el del alacrán que se inocula su propio veneno se relacionan con el afán autoaniquilador de la democracia actual.
«Ciertas libertades democráticas me recordaban a ese alacrán. Son capaces de autodestruirse.» Pág. 61.
Hace falta valor para hacer esta afirmación, pero gracias a las analogías captamos la complejidad paradójica del asunto.
De todas formas, no se acaba aquí el valor simbólico del suicidio:
«La emigración es una especie de suicidio parcial. No mueres, pero muchas cosas mueren dentro de ti. Entre otras, tu lengua.» Pág. 73.
            Kallifatides escribe con una aparente sencillez y logra conmoverme al humanizar su entorno, como cuando afirma que «jamás había conocido un estudio desleal.»
Siento tan cercano el texto que me invita al diálogo.
            Desde la página 19, donde habla de cómo la literatura da forma a la vida de quien lee, no puedo evitar escribir al margen que con la lectura aprendemos a dar nombre y forma a los sentimientos. Hasta el final, cuando el regreso al pueblo natal abre la puerta de la escritura en lengua materna: la que siente antes que piense, la que palpita e intuye que brota de sus entrañas, la que es su verdadera patria. Continúo dialogando con el autor y digo: yo la llamaría matria. Gracias a ella, se ha producido el regreso a los orígenes: el nostos de los clásicos.
            Era necesario que leyera este libro, imprescindible.

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