diumenge, 5 d’octubre de 2014

Charles Dickens, David Copperfield. Feedbooks. Traducción Carmen de Peña


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Releer sin prisa es un lujo.

Sentir que la lectura acompaña, despierta la imaginación y alimenta la esperanza. Recordar, como si esa voz autobiográfica fuera la mía, que:

"Este era mi único y constante consuelo... veo siempre ante mi espíritu una tarde de verano: los chicos jugaban en el cementerio, y yo sentado en mi cama, leía como si en ello me fuera la vida." P. 61.

Y volver a encontrar los ecos del Quijote y de la picaresca en estas aventuras de niño huérfano que se ha de buscar la vida y en los personajes como el leal y locuaz Micawber, el genial loco Mister Dick, el encantador de serpientes Steerforth o el asqueroso Uriah Heep.

La galería de personajes femeninos no es menos variada, aunque casi siempre, esté en segundo plano: Emily, el amor infantil; Dora, el de juventud y, Agnes, el de la serena madurez. Mis preferidos son antagónicos: la dulce Peggotty y la estrafalaria tia que lo rebautiza como Totwood Copperfield.

Con ella aprenderá a abrirse camino en la vida, aunque sea a base de tópicos:

"tomar resueltamente el hacha del leñador de la mano para abrirme un camino a través del bosque de las dificultades." P. 514.

Y lo hará a través de la escritura, primero gracias al autodidacta aprendizaje de la olvidada taquigrafía, que le permite ser copista de los debates parlamentarios y juzgar la situación de su país.

" Yo solo veo fuego, Gran Bretaña, esa desgraciada virgen que se pone en tantas salsas, la veo siempre ante mí como una ave desplumada y bien cocida, atravesada de parte a parte por los hierros y atada con un cordón rojo. Por todo esto soy un incrédulo, y nadie podrá convertirme." P. 619.

Pero lo que le permitirá dejar el esforzado y desengañado oficio de reportero parlamentario, será dedicarse a la literatura: la lectura y la observación de la realidad le llevan a la escritura:

"... unía yo las historias de mis antiguos libros a la de mi vida presente, cogiendo a derecha o a izquierda mis personajes entre la gente que encontraba por la calle." P. 167.


Una vez más: todo lo que no es tradición es plagio.