dijous, 14 de juliol de 2016

Irène Névirosvsky (2014), Suite Francesa. Barcelona: Salamandra

Las palabras iniciales de esta "suite" son como la obertura de una composición musical que nos lleva a la noche oscura de un París bajo las bombas. 

Pintura de Charlotte Salomon. Hacia 1939

La música del lenguaje de Névirosvsky resuena en nuestro interior de manera semejante al  Adagio de la Sonata Op. 106 de Beethoven

"En los oídos de los moribundos, los cañonazos parecían débiles y carentes de significado, un ruido más en el siniestro rumor que acoge al agonizante como una ola."

Mientras, la vida continúa. El movimiento entre guerra, exilio, desplazamientos, persecuciones y la impasibilidad de la naturaleza será una constante.


Konstantin Kovarin, Boulevard de París. 1939

En plena ocupación "París tenía su olor más dulce".

Después de bombardear la columna de fugitivos que se sienten en una ratonera o en un tiovivo "mientras estaban allí tumbados, una pequeña mariposa blanca volaba sin prisa de flor en flor."

Desde luego...

"El horror y el absurdo de los acontecimientos resultaban aún más patentes en contraste con aquellas imágenes de paz. Un molino hacía girar su rueda no lejos de allí."

Incluso hay momentos de belleza en la cruel guerra:

A la columna de humo del incendio de la ciudad con los rayos del sol adquiría "reflejos al azufre y las cenizas."

 o 

"Las ramas de los cerezos se volvían azuladas y etéreas como borlas de maquillaje llenas de polvos."

Névirosky, además, se mete en la piel de todos los personajes incluso de los gatos y domina la técnica de la enumeración:


"Las largas orejas del gato, rosados cucuruchos cubiertos de pelaje plateado, puntiagudas y delicadamente vueltas hacia dentro como una flor de dondiego, se irguieron para captar los tenues sonidos de las tinieblas, tan leves, tan misteriosos y —sólo para él— tan claros: los crujidos de un nido en que un pájaro cuidaba de sus polluelos, roces de plumas, el débil martilleo de un pico en un tronco, agitación de alas, de élitros, de patas de ratón arañando suavemente la tierra, e incluso la sorda explosión de las semillas al germinar."

Ya desde el principio el personaje de Gabriel Corte defiende a los personajes secundarios y, en los documentos adjuntos de la autora se reafirma esta voluntad:

"Mira como los utiliza Proust (...) para humillar, para empequeñecer a sus protagonistas. Nada más saludable en una novela que esa lección de humildad a sus protagonistas."

Si continuamos por el camino meta literario encontramos un referente claro en esta tragedia humana: la huella de Tolstoi porque "las mejores escenas históricas (véase Guerra y paz) son las que se ven a través de los personajes." Así buena parte de las escenas bélicas están vistas desde el punto de vista del joven Hubert.



Una alegoría se repite en la parte final de esta suite: "el espíritu de la colmena" que recuerda la influencia de Maurice Maeterlinck que en 1901 escribió el ensayo La vida de las abejas. Se trata del dilema filosófico: individuo o sociedad. Tanto Maeterlinck como Névirovsky se preguntan si tiene algún sentido sacrificarse por la comunidad, morir por una causa, estar sujetos a la implacable y absurda ley de la colmena. Para nuestra autora el tiempo dejará sin sentido este dilema y sólo quedará:

"Esta músico, ese repiqueteo de lluvia en los cristales, esos ruidosos y fúnebres crujidos del cedro del jardín d enfrente, esta hora tan maravillosa, tan extraña en mitad de la guerra, esto, todo esto, no cambiará... Es eterno."

La eternidad es lo que ha intentado apresar Névirovsky, el ritmo de la naturaleza y de la vida con la música de su lenguaje: palabras aladas tocadas de poesía y de lo esencial humano. Ella ha sabido hacer el trabajo de las abejas, como decía Antonio Machado: fabricar "con las amarguras viejas/ blanca cera y dulce miel."

Por ello todavía queda esperanza ya que:

"En el corazón de cada hombre y de cada mujer pervive una especie de paraíso en el que la muerte y la guerra no existen, en el que los lobos y las ciervas juegan en paz"


Marc Chagall, Los novios y la Tour Eiffel. 1939