dimarts, 20 de setembre de 2016

Pilar Pedraza (2016), Mystic Topaz. Madrid: Valdemar (El Club Diógenes)

¡Qué libro más hermoso!



Tapa dura, portada sugerente y marco negro, ilustraciones de calidad, finos detalles de tipografía y letra elegante en un buen papel de tono apergaminado.

Incluso los personajes son conscientes de su belleza:

"–Vaya, es precioso –dije (...)
–Lo dices como si fuera un cuento de las antologías de Valdemar."

Entramos en el libro como si entráramos en la tienda esotérica de Mystic Topaz. Una puerta al mundo de las señales, metáforas y símbolos por los que deambulamos sin apenas darnos cuenta.



Pilar Pedraza es experta en acercarse a los misterios y dejarnos explorar por las rendijas de sus escritos en los que la síntesis de las antítesis quedan en el aire como en la descripción de sus personajes.

"Me llamo Geles, hipocorístico de Ángeles, pero soy pelirroja como los hijos del diablo."

Hipólito Cárdenas es de "una belleza extraña como este mundo nuestro, y una sencillez altanera o quizá simplemente natural como la de los jaguares y, como la de ellos, en vías de extinción."

¿Ángel o demonio? ¿Altanería o naturalidad?

Todo pende de un hilo, a veces, de araña. Así en el cuento "Las niñas que cosían estrellas" en el cual las pequeñas esclavas que bordan por sueldos de miseria reciben el nombre "arañitas".

Tras la puerta que nos abre este libro de maravillas el collar de perlas puede morir, por la fachada de la catedral gótica revolotean vencejos y vampiros, mientras que las buena acciones son "nenúfares en un estanque."

Ya lo he dicho: ¡Un libro precioso!