dimecres, 5 de juliol de 2017

Gonçal Mayos (2016) Homo obsoletus. Precariedad y desempoderamiento en la turboglobalización. Barcelona: Red ediciones S.L


Han caído los muros de los antiguos laberintos, pero nuestro mundo continúa siendo un lugar inhóspito donde uno puede perderse con facilidad. El laberinto de nuestra sociedad posmoderna, digital y globalizada se identifica con la imagen del desierto: espacio abierto y mutante sin señales ni guías.

El principal problema "ya no es encontrar la única salida (entre muros y puertas cerradas), sino sobrevivir y reciclarse continuamente dentro de un laberinto de dunas sin límite y siempre cambiante por los vientos de la historia o el desarrollo tecnológico." P. 17.

Las metáforas le sirven a Mayos de lazarillos en la tarea necesaria y compleja de dotar de sentido la ingente información que maneja y que es el sino de nuestra época. Totalmente de acuerdo, ésta es la función de las metáforas: actuar de linternas para iluminar el entendimiento.




Marcuse, Sontang y Lakoff ya nos enseñaron que multitud de actos cotidianos, casi mecanizados, están condicionados por las imágenes que se infiltran en nuestro lenguaje, en nuestra cultura e, incluso en nuestro cuerpo y en nuestras forma de ocio.

Así, si el ser humano ha sido visto a lo largo de la historia como un guardabosques, un jardinero o un cazador, ahora, quizás sería mejor que pasara a convertirse en un observador que hace públicas sus visiones y actúa de forma minimalista con mesuras coordinadas y efectivas.

Por otra parte, hoy todo parece wiki, cool, burn, líquido y maleable; aunque también: slow, reticular, mestizo, verde y lila. Depende de donde pongamos el foco de la linterna metafórica, que es una herramienta de gran poder aunque pueda ocasionar zonas de oscuridad y equívocos de perspectiva.

Por ejemplo, para volver a la sugerente imagen del moderno laberinto del desierto. Existen otros laberintos sin muros que son caminos de perfección, como el laberinto de la Catedral de Chartres.


Así mismo, en determinares lugares, el desierto real se puebla por las noches: aflora la gente, juegan los niños, suena la música y se intuye que allí existe una comunidad humana, un pueblo, aunque no lo parezca.

¿Se trata de excepciones? Seguro que sí, pero me gusta ver estas pequeñas realidades fuera del foco de la linterna, como indicios de un posible cambio.

Porque hay una juventud que coloca lo común en el centro de sus itinerarios, que no consume compulsivamente y que desea un mundo más igualitario. Una juventud acostumbrada a trabajar en una red que no sea alienante, sino que sume esfuerzos y fomente la equidad.

Espero que el nuevo libro que anuncia Mayor ponga el foco en esta juventud e ilumine, con su saber, el camino de salida de los nuevos laberintos.

Me niego a perder la esperanza.

"Pues en el desorientado hombre turboglobalizado, la gran esperanza de empoderamiento estriba —como ya apuntaba Nietzsche— en devenir "niño" pues es la mejor posibilidad de un "nuevo y radical comienzo." P. 113.