Me reencontré con la revista LITORAL en la feria del libro de Alcalá de Henares, justo después de pasear por los jardines de Aranjuez
Hay casualidades que tienen sentido y he celebrado la coincidencia pasando dos semanas seducida por cómo en sus páginas las artes visuales y las literarias entran en simbiosis para proyectar belleza en el pensamiento.
Si construir un jardín es más placentero que contemplar el edén, si es cierto que un jardín al lado de una biblioteca nos colma de bienestar, si es mejor aprender a hacer florecer el alma que esperar a que alguien nos traiga flores, también lo es que jardineras y escritoras «bebemos de las mismas fuentes subterráneas y profundas de la tierra.»
Jardines, como cada entrega de LITORAL, no se agota en una sola lectura: es una obra de arte a la que se regresa para reencontrar un placer a la vez estético e intelectual.



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