dimarts, 19 de febrer de 2019

Maggie O’Farell (2013) Instrucciones para una ola de calor. Barcelona: Salamandra. Traducción de Sonia Tapia




El calor pesa tanto como las vidas construidas sobre los silencios y las mentiras.

“El aire en la cocina es como una entidad sólida que lo llena todo, que empuja a Gretta contra el suelo y contra la mesa.” (P. 11)

Londres en el verano de 1976 —me asaltan recuerdos antiguos del césped agostado de Hyde Park y de la maltrecha economía británica de aquel entonces que me permitía caprichos insospechados en Carnaby Street o en las estanterías de Hatchards— es el marco adecuado para esta historia de intrigas familiares.

El calor inusitado se une al misterio de una desaparición y empuja a los miembros de la familia a  huir de la ciudad y refugiarse en la isla de Omey de dónde provienen.

Sólo allí es posible recomponer las relaciones entre ellos.

Istmo de la isla de Omey

Esta isla, que durante la marea baja se une a tierra firme con un “relumbrante camino blanco entre las olas, que rompen y espumean a cada lado.” (P. 291) se me antoja un símbolo de la personalidad de cada ser humano, cercado por las olas de lo desconocido.

Las olas que se recrean en la puerta del escritorio antiguo que guardaba la llave del secreto familiar.

“A Mónica siempre le había encantado cómo se desplazaba la tapa hasta desaparecer, cómo fluían los listones de madera como una ola de arena.” (P. 196)


Una arena que en las playas de la isla es suave y ligera, la base precaria pero firme donde se asienta la familia.

“Se va pasando de una mano a otra puñados de arena: trozos rotos de coral blanquecinos, pulidos y articulados como huevos de diminutas criaturas. Su contacto le produce una sensación parecida a una campana tañendo en un campanario, tal es su familiaridad.” 
(P. 170).

http://tempsdemetafora.blogspot.com/2019/01/maggie-ofarrell-2018-la-ma-que-prenia.html

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