dilluns, 18 de març de 2013

Albert Sánchez Piñol (2012)Victus. Barcelona: La Campana

...para los catalanes España solo designaba el palo del gallinero.

Una palabra se oculta tras otras muchas: el secreto que el narrador decide no revelar hasta el final. Y, por esa palabra, he terminado de leer la novela. No la escribiré, no romperé el frágil hechizo, sólo citaré las metáforas con las que se intenta explicar lo inexplicable, lo que no cabe en un sólo término:

" Somos hojarascas que perduran. Estrellas que estallan, leyendas dilapidadas. Verdades sin más recompensa que la lucidez misma. Olor a mierda caliente recorriendo calzones en formación. Catalejos ciegos, periscopios inanes, y lamentos. Embudos amorosos, ese niño que ríe a nuestra proa, como los delfines. El otro lado del río. Admitir que nuestros ojos siempre verán el paisaje por el cerrojo de la mazmorra, saber que las espigas caen sin quejarse..." P. 591.

Sánchez Piñol pone en boca del narrador Martí Zuviría imágenes para describir a los personajes de forma expresionista, a menudo provocadora, buscando los contrastes:

"... tu eres más culona que una abeja, y ella tenía un talle de palmo y medio. Tú andas cargada de hombros como una mula; ella se desplazaba con la seguridad de algunas mujeres escogidas que, nobles o no, se saben capaces de aplastar imperios con el zapato. Tus cabellos siempre parece que acabaras de empaparlos en un barril lleno de grasa, mientras que los suyos eran finos y largos hasta los hombros, de un color rojo sandía. No te he visto las tetas, ni ganas que tengo, pero seguro que te cuelgan como un par de berenjenas. Las suyas encajaban perfectamente en una copa. No digo que fuese perfecta. Su mandíbula inferior, enérgica y angulosa, le otorgaba demasiada personalidad para tratarse de una mujer. Pero puestos a pecar, que sea por exceso: a ti te robaron el mentón, lo que te convierte en un modelo perfecto de cretinismo facial." P. 20.

Las metáforas con las que describe los ejércitos y batallas son más tópicas: termitas, robles, sarmientos, serpientes...

Más interesantes son las que expresan ideas abstractas que están en la base de lo que podríamos denominar las dos tesis de la obra: la incomprensión histórica entre Cataluña y Castilla y la falta de visión política de los dirigentes catalanes.

"Para los catalanes, España solo era el nombre que se otorgaba a una confederación libre de naciones; los castellanos, en cambio, en la palabra España veían una prolongación imperial del brazo de Castilla. O dicho de otra manera: para los castellanos España era el gallinero y Castilla su gallo; para los catalanes España solo designaba el palo del gallinero." P. 129.

"Nuestras clases dirigentes, en particular, eran el colmo de la indecisión crónica, siempre a medio camino entre el servilismo y la resistencia. Ya lo dijo Séneca: si un marino no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento le será favorable." P. 130.
Los paralelismos con la actualidad son evidentes y la polémica está servida.

No dudo de la veraz documentación que sustenta la parte histórica y que corrobora con creces las ideas expuestas, pero ello no ha sido suficiente para que disfrutara de la novela. Me he hartado del narrador protagonista siempre en el ojo del huracán para que la acción no desfallezca, quizás se deba a mi nulo ardor guerrero o a que, cada vez me cuesta más, leer prosa con poca música y una sintaxis, a veces, demasiado telegráfica.