dissabte, 1 de juny de 2013

Carta a Eva. Director: Agustí Villaronga. Guionistas: Alfred Pérez, Roger Danès y Agustí Villaronga.

Sólo me detendré en un par de situaciones-imágenes de alto contenido simbólico: la secuencia que plasma cómo se deslizan por la barandilla de una escalera Eva y su esposo Perón y la que presenta la confesión de Carmen Polo de Franco.

La "carrera de baranda" aparece al final de la escena del matrimonio Perón y contrasta con la anterior en la que Franco duerme después de comer y de firmar sentencias de muerte.
Ver deslizarse por una magnífica barandilla al presidente Perón y a su esposa podría ser histriónico, pero aquí se convierte en una expresión de libertad vital frente a la angustia del viaje, en un eufemismo simbólico. Cuando se produce la despedida pública de la pareja presidencial en la Casa Rosada, en el fondo vuelve a aparecer la escalera como testigo de su gozosa intimidad.
Inmediatamente nos trasladamos a España y contemplamos la confesión de Carmen Polo. Su manera de liberarse de la tensión  es sombría y expresa la represión que se impone e impone, la ironía es que Agustí Villaronga realiza el papel del confesor al que, seguidamente, Franco ordena que calme a su esposa.

Las imágenes que quedan en la retina del espectador despiertan sensaciones antitéticas: de intimidad, juego, vitalidad y placer frente a acto litúrgico, seriedad, rigidez y culpa.


 Los dos personajes femeninos están magníficamente contrapuestos: goce de la vida frente a normas sociales castradoras y libertad frente a represión. Claro está que esta antítesis se expande a la situación político-social de Argentina y de España.

Como en muchas obras maestras, ciertas metáforas logran captar rasgos esenciales, a pesar de que podrían considerarse anecdóticas o periféricas.

Dejo para otra ocasión el tema del cine y de los espejos.