dimecres, 12 de febrer de 2014

John Lanchester (2013), Capital. Barcelona: Anagrama (Panorama de narrativas)

Pepys Road 1901

Lanchester convierte Pepys Road en el símbolo del ascenso y derrumbe de la cultura mercantil-financiera del pelotazo. Con este fin concentra la acción entre diciembre de 2007 y noviembre de 2008, poco antes de la quiebra de Lerman Brothers que marcó el principio de la crisis actual.

Veamos como esta calle del sur de Londres se transforma en paradigma de la sociedad británica actual:

(Pepys Road)"...había ido a remolque de la prosperidad británica, que había pasado de ser la desgarbada crisálida de fines de los setenta a la vulgar y ruidosa mariposa de la era Thatcher y el largo crecimiento que la había seguido." P. 11.

"Tener una casa en Pepys Road era como estar en un casino con la garantía de ganar." P. 15.


La fiebre constructiva parece que no va a tener fin:

"La última manía que las casa soportaban era adecentar los sótanos (...) de ellas salían cintas transportadoras que trasladaban los escombros a los contenedores (...) como si la tierra se dilatara, vomitase, se negase a ser cavada y brotara del suelo de un modo exagerado como si fuera antinatural hundirse en su seno pata conquistar más espacio y la excavación pudiera proseguir eternamente." P. 15.

El autor tiende a humanizar los edificios y a animalizar o cosificar a los personajes. De este modo:

"Las casas eran ya como las personas, personas ricas además, dominantes, con necesidades propias que no tenían empacho en ser satisfechas." P. 14.

"Albert (...) tenía una vena de locura en su carácter, como una grieta en una roca." P. 74.

El elenco de personajes es rico y complejo: el banquero de éxito, la abuela moribunda que ha visto cambiar la calle, el artista rompedor... pero, para que el espejo social londinense sea completo no pueden faltar los emigrantes, tratados aquí de modo magistral: desde los musulmanes, a los de la Europa del Este, pasando por un joven africano crack de fútbol.

He aquí una muestra:

"El imán de la mezquita era un hombre irascible, pero no idiota, y la sociedad le había dado una ventaja muy poderosa: lo primero que decía sobre casi todo lo que mencionaba era verdad. Arremetía contra el capitalismo, la vulgarización de la sexualidad, la degradación de las mujeres por culpa de la imaginería pornográfica que en aquel país y en aquellos tiempos estaba por todas partes. Hablaba de las cosas que habían acabado por darse tan por sentadas que era como si la gente hubiera dejado de verlas." P. 270.

El capital es omnipresente en la novela hasta que los valores familiares y el amor aparecen y se abre la puerta a la esperanza. Parece que, al final, la mayoría de los personajes piensen como Roger, el banquero despedido, que cambiarán y entonces, sólo entonces, las casas de Pepys Road dejan de ser un activo financiero para convertirse: 

"un escenario, un lugar donde se representa la vida." P. 595.