dimecres, 25 de juny de 2014

Katherine Pancol, Los ojos amarillos de los cocodrilos. Madrid: La esfera de los libros



La cenicienta Joséphine siente vagos deseos de suicidio de "desangrarse llorando, ignorar si el líquido que sale de una es rojo o blanco". Su vida es gris frente a la de color de rosa de su hermana Iris y la de Tarzán de pacotilla de su marido. Tiene una madre a la que apodan "La Escoba" y que afirma que la "cigüeña debió equivocarse" cuando la dejó en su casa. En fin, es  "una montaña de miedo" pero, aunque su salario "llore de lo pobre que es", capta detalles que los demás pasan por alto "porque tienen la piel de cocodrilo".

Los cocodrilos buscan el poder como los humanos "envían señales sin cesar para mostrar quien es el jefe" y siempre vigilan "parecen linternas sobre el agua. Pequeñas luciérnagas amarillas que flotan." Joséphine está rodeada de cocodrilos y va a tener que luchar contra ellos, aunque es del tipo de personas que nunca tendrá ojos amarillos.

Para que la calabaza se convierta en carroza solo falta escribir un libro y saber venderlo, ya tenemos el libro dentro del libro. Joséphine tiene que llenar las hojas en blanco y busca ayuda en las estrellas para lograr inspiración y un tono de "conversación escrita."

Poco a poco la protagonista se va acorazando con la ayuda de Shirley y recupera la autoestima. Diríase que hay dos tipos de amigas: las que clavan la estaca y las que son una estaca en la que apoyarse y así es la sorprendente amiga inglesa de Jo.

No dejan de aparecer las, llamadas, tradicionales armas femeninas que se utilizan para lograr fines de justicia poética. "¿Cómo conservar a un hombre? Con un polichinela en el cajón." Es decir, teniendo un hijo.

La diversión está asegurada con una trama en la que aparecen y desaparecen muchos "polichinelas" cosa que provoca una lectura voraz. Novela amable que, como no, ha dado lugar a una película que tendrá éxito en el canal Cosmopolitan. Me sabe a pan con chocolate.