dijous, 14 de gener de 2016

Alice Mc Dermott (2015), Alguien. Barcelona: Libros del asteroide





Secuencias de una vida, montadas en aparente desorden, pero con un calculado equilibrio entre decir y callar, entre mostrar y esconder. Menos es más.

El conjunto es un retablo realista de la vida en Brooklyn durante el siglo XX desde el punto de vista inteligente y suavemente irónico de la protagonista Marie Commeford. La voz de esta hija de emigrados irlandeses universaliza el relato, porque desde el principio queda claro que lo que más importa son las palabras.





En casa de Marie el hermano recita y el padre mueve los labios inconscientemente siguiendo los versos de modo semejante a como ella cuando da vueltas a un terroncito de azúcar en la boca.

Palabras que se deshacen entre los labios y que narran historias como las que cuentan en el piso de arriba de la funeraria la madre del propietario y sus amigas que, cual parcas, tejen los hilos de la vida recuperando recuerdos y dando sentido a las vidas que allí tienen su última posada.

"Había cierto sentido del deber en aquella manera que tenían la señora Fagin y sus visitas de ir ordenando recuerdos, rumores, chismes y anécdotas, historias" P 166.

Marie tomará modelo y nos contará su paso por la vida engarzando multitud de otras historias: la de Pegeen, con la descripción de la cual arranca la novela, la de la madre de su mejor amiga Gerty, la de la noche de bodas de Dora Ryan, la de su primer amor, la más larga de su hermano Gabe, la de su marido Tom, otro gran narrador...

Hasta que de manera imperceptible se intuye que el círculo se cierra cuando se acuerda de cómo Pegeen un día antes de morir, hacía proyectos y decía: "Y, entonces, ya veremos" P. 307.

Por el camino de esta vida encontramos momentos que merecen palabras especiales, imágenes como joyas, que los rescaten del olvido.

Así sentimos el dolor de la cesárea sin anestesia después de horas de fatigosos esfuerzos por dar a luz:

"Un dolor como el ritmo vertiginoso de un vagón al pasar, el aire ligero y oscuro y punzante, acero contra acero amargo, un tren que me pasa por encima, que me rompe los huesoso de la cadera y hace temblar los dientes de mi cráneo de  porcelana " P 241.

O las alucinaciones y el ardor de la fiebre:

"Era como si un papel de pared con bandadas rojas me creciera como hongos en la lengua y hacia la garganta." P. 243.

Otros asuntos cotidianos también merecen la sorpresa de la analogía apropiada e ingeniosa. Así el acento irlandés de la madre, resurge con fuerza cuando se enfada:

"como los pedazos de carne que salen del fondo del puchero." P. 80.

El placer de la palabra justa, de la historia bien contada, de jugar con el lenguaje y respetarlo.

Como el propietario de la funeraria señor Fagin, con el mismo apellido que el viejo prestamista judío de Oliver Twist, respeta a Dickens, aunque haya usado su apellido para tal personaje.


Representación de Fagin, el personaje de Dickens inspirado en el delincuente Ikey Salomon

A pesar de ello el Fagin de esta novela dice del gran autor:

"lo amaba, admiraba y detestaba como solo cabe hacer con un hermano.

En cierto sentido, Alice Mc Dermott es, a la vez, heredera y hermana de Dickens.