dijous, 22 de juny de 2017

Banana Yoshimoto (2006), Sueño profundo. Barcelona: Tusquets. Club de Lectura de la Biblioteca de Can Manyer. Vilassar de Dalt






Tres historias ricas en imágenes que dibujan mundos íntimos, vidas entrelazadas y viajes a la frontera entre la vida y la muerte.

La primera metáfora del relato inicial es reveladora:

El sueño me invade como la pleamar.” P. 11.

Vamos a sumergirnos en una prosa hipnótica que avanza hacia el fondo en espiral. El sueño (Hipnos), la pequeña muerte de cada noche, se alarga expresando el duelo que acongoja a la protagonista que ha perdido a la amiga junto a la cual: “ el peso de la vida… quedaba reducido a la mitad.” P. 14.

HIPNOS Y THANATOS PORTANDOA SARPEDÓN  EUFRONIO hacía 510 a C

La pareja mitológica clásica de Hipnos y Thanatos se dibuja en mi imaginación tal como aparecen representados en la cerámica griega, pero cuando acudo a buscar la imagen en internet los dos hermanos gemelos se me aparecen en la forma de dibujos manga.



Del manga Los caballeros del zodiaco creado en 1986 por Masami Kurumada

Me pregunto:

¿Cómo interpretar la obra de una autora japonesa por muy occidentalizada que esté?
¿Es el sueño la muerte pequeña o la fortaleza para renacer? ¿Por qué no las dos cosas a la vez?
¿Qué sentido tiene el sueño profundo para una persona de cultura nipona que practica el sueño intermitente y reparador del inemuri?

Reflexiono:

Quizás en Japón, acostumbrados a dormir acompañados, no es tan extraña la ocupación de la amiga que acompaña a los durmientes y acaba: “inhalando toda la negrura que hay en su corazón.” P. 27

Para la protagonista ese sueño profundo, que puede ser letal, es el que la impulsa hacia la vida. En la modorra absorbente y consentida encontrará el camino de vuelta a la realidad.

Continúo y encuentro nuevos “problemas culturales”¡Qué raro que una mujer del siglo XXI necesite de ciertos “permisos” para seguir los impulsos de su corazón! Me parece que la fuerza del amor de la protagonista por su novio es absoluta y ante ella adopta una sumisión de geisha:

a él le gusta que yo permanezca siempre en mi habitación, sin trabajar, viviendo sumida en el silencio, y que, cuando quedamos, nos encontremos por las calles como si fuéramos la sombra de un sueño.” P. 35.

Me cuesta entrar en estos relatos, como me costó la lectura de La historia de Genghi a la que acudí hace años con viva curiosidad de conocer la “novela” escrita hace diez siglos por la dama Murasaki y que abre la tradición de narraciones introspectivas y psicológicas en los lares de Banana Yoshimoto.

Continúo con la segunda narración titulada “La noche y los viajeros de la noche” y me encuentro más de los mismo: tres mujeres —una de ellas evanescente—, un hombre y la muerte.

El varón, Yoshihiro, es una especie de Genghi, es irresistible y con una energía tal que:

Solo con estar a su lado, tengo la sensación de que voy a ir caminando deprisa.” Y con “ algo que no debía morir jamás, algo que viajaba a través de la noche.” P. 111.

Cierto, algo quedará de él que consolará y parece que redimirá a su hermana, su enamorada prima y su novia americana.

El tercer relato es para mí “Una experiencia” porque aquí sintonizo con la lectura. Me cautiva la descripción de la música interior o alucinación musical que escucha la protagonista borracha:

Se parece al rumor de las olas, y a la risa de todas las personas que he conocido (…) y al maullido de un gato que perdí, y al conjunto de sonidos de un lugar lejano, que ya no existe, al que añoro, y a la fresca fragancia de la vegetación que olí en algún lugar, cierto día, durante un viaje, acompañado del susurro de los árboles junto a mi oído…” P. 141.

La resurrección de este personaje me llega, aunque sea parecida a la de los anteriores, y comprendo el miedo a las consecuencias de su amor, también, total y absoluto por su novio:

Y si, encima, lo amo más, ¿no acabaré volviéndome transparente? P. 171.

Incluso la conocida imagen con la que anuncia su renacimiento es familiar: 

Me siento como si me hubiesen sacado una espina que tuviera clavada en el corazón.” P. 167.

Aunque yo prefiera la reformulación de Antonio Machado siguiendo a Rosalía de Castro:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón.

¡Vaya cruce de tradiciones!

¡Un brindis por los universales culturales!