dilluns, 8 de gener de 2018

Compañía Nacional de Teatro Clásico. Lope de Vega, El perro del hortelano. Dirección de Helena Pimenta. 7 de enero de 2018. Teatre Nacional de Catalunya


El teatro es el refugio del ingenio y de la libertad aunque se represente en la poco acogedora Sala gran del TNC. Helena Pimenta rompe con elegancia y brío la frialdad del espacio grandilocuente porque consigue que los versos de Lope cobren vida.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
Áspero, tierno, liberal, esquivo,
Alentado, mortal, difunto, vivo,
Leal, traidor, cobarde, animoso…

Las antítesis del famoso soneto con el que Lope define al amor se materializan en el decorado, el vestuario, la iluminación, los personajes y el ritmo del espectáculo.

Desde el inicio, cuando una especie de tapiz cobra vida, vemos como se encarna el dios Amor en una figura que parece que se haya escapado de un cuadro de Velázquez. Es la antítesis de la representación angelical y meliflua del amor: un hombre fornido, como pirata curtido en mil batallas, sólo la venda en los ojos nos lo identifica con Eros.

¡Qué contraste el de esta figura con la escenografía y el vestuario que nos remiten a la Francia del Imperio acentuando el tono de comedia!

¡Qué acierto convertir el soneto de ¿Qué me quieres amor? en canción con Eros danzando y elevando a Diana!

¡Qué bellos los dardos rojos que lanza Amor y la lluvia de pétalos que nos recuerda el Carpe diem o el Collige, virgo, rosas!

¡Qué sugerentes las sombras que proyectan los personajes y el juego de puertas que se abren y se cierran con precisión abriendo espacios y desde donde Tristán, por ejemplo,  se dibuja en la oscuridad espiando su obra!

¡Qué delicia insinuar un teatro dentro del teatro cuando la ficción del gracioso soluciona el entuerto!

Esto es ingenio, libertad, amor y teatro, quien lo probó lo sabe.

¡Mil gracias, Helena!