dimarts, 19 de desembre de 2017

Miguel Delibes (1972) Un año de mi vida. Barcelona: Destino


En un reciente viaje a la querida Salamanca, aquella que según Unamuno “guarda recuerdos conformes”; visité la librería Galatea. Me quedé con la primera edición de este dietario del  año 1970 que Delibes escribió a instancias de su editor y amigo Josep Vergés.



No puedo considerarla una obra menor, sino el retrato de una sociedad que hoy es de plena actualidad. Al leer, no solo revivo el pasado, también encuentro el germen y la pauta de situaciones que permanecen.

Los temas candentes del ayer, siguen siendo los mismos: la justicia social, la libertad de expresión, la despoblación del campo, el respeto de la naturaleza y su disfrute, aquella técnica que deshumaniza, la vida periodística y cultural, el trabajo literario, los toros, los deportes y el trabajo literario.

La posverdad, palabra que entrará en el DRAE en breve, ya existía aunque no tuviera término que la  designara:

“14 de diciembre.— El señor ministro de Justicia ha tenido la atención de contestarnos al P. Llanos y a mí. Entiende que la palabra protesta no es consecuente con nuestra actitud de no-violencia ya que en sí misma encierra una violencia. Esto es un círculo viciosos. Los más grandes no-violentos del mundo –Ghandi y Lutero King— fueron protestatarios, protestatarios pacíficos pero inflexibles. Ellos deben ser nuestro ejemplo.” P. 100.

Si se entiende que protestar es ser violento, se justifica la acción de la censura y la represión de la que se queja Delibes, tan prudente que ni hace explícito el hecho de que los dos grandes no-violentos acabaran asesinados.

Veamos como actuaba la censura en estos años de “apertura”:

“la diferencia entre el antes y el después de la Ley de Prensa estriba para mí en que “antes” no te dejaban preguntar, y “después” sí pero no te responden, de forma que en cualquier caso la posibilidad de diálogo se va a paseo.” P. 101.

¿Reconocen la pauta de actuación?

Veamos, ahora, como trata un aspecto social nada banal.

Delibes teme que el turismo haga resurgir la mentalidad hidalga que prosperó a raíz de la llegada del oro de las américas a Castilla en el s. XVII y lo razona de la siguiente manera ante sus alumnos:

La actitud aristocrática de la “Iglesia, mar o casa real” encontró en el pueblo el triste eco de la “sopa boba” que se repartía graciosamente en los conventos. Les expuse mi temor de que el turismo pudiera ocasionar en nuestros días los mismos trastornos en extensas zonas del país. Los ingresos sin contrapartida comportan este riesgo. Y les recordaba, de paso, la vergonzosa Real Cédula de 1682 que hubo de declarar, más o menos, que mancharse las manos no era denigrante para conseguir que algunos arrimasen el hombro.” P. 152.

Desde luego que hoy tenemos otra visión del turismo, pero el temor de Delibes en este país que basa su economía en la construcción y los servicios puede ser compartido hoy.

Encuentro que este libro, forjado en Barcelona cerca de donde yo estudiaba el bachillerato que decidiría mi amor a la literatura, la reflexión sobre el trabajo literario es de una gran frescura, amenidad y profundidad. Sólo destacaré dos fragmentos, en el primero se analiza con sencillez el trabajo del novelista:

… ante las cuartillas vírgenes, el novelista debe tener la imaginación suficiente para recular y rehacer su vida conforme otro itinerario que anteriormente desdeñó.” P. 93.


Ni más ni menos que la idea madre del último libro de Paul Auster. Un tema clásico que, por lo tanto, nunca muere.

No puedo resistirme a comparar la situación actual del IVA cultural con estas palabras del maestro Delibes que dejo como colofón:

En el reglamento de la contribución sobre la renta hay una disposición según la cual los ingresos extraordinarios de los artistas pueden distribuirse en tres anualidades a efectos de tributación. Fiado en ella pedí su aplicación a los derechos de la edición de “La hora roja” de RTV, a todas luces un ingreso fuera de lo ordinario. Respuesta de la Hacienda Pública: “Esto no le corresponde a usted. Los artistas son los futbolistas y los toreros.” Ni una palabra más.” P. 213.

Eso fue y eso es, espero que no sea así siempre.